Nosotros, que casi siempre estamos de obras en la furgo y en casa –no lo podemos evitar–, le damos también una segunda vida a las garrafas de plástico de 5, 6.5 y 8 litros partiéndolas por la mitad.

La mitad superior hasta el tapón, puesta boca arriba como un embudo, nos sirve de recipiente para ir pasando por ejemplo el yeso o el cemento o cualquier pasta a donde los tengamos que ir poniendo con la llana y la espátula, por ejemplo al poner las cintas de PLADUR.

Y la parte cilíndrica restante nos sirve como gaveta para batir cualquier hormigón ligero, morteros monocapa, etc, en pequeñas cantidades para irlas poniendo en obra poco a poco.

Para ello acoplamos al mandril del taladro una varilla de acero corrugado de 6 mm ø, de las que se usan para armar el hormigón, pero con el extremo en forma de muelle. Es fantástico el trabajo de muñeca que se ahorra uno... y sin necesidad de comprarse un agitador profesional.





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Así de simple. Y, cuando se termina de utilizar, se desecha la garrafa en el contenedor adecuado.